La tortuosa ruta electoral Dominicana

En este 2020 parece que nada se escapa a la tumultuosidad de la época y las elecciones en la República Dominicana no han sido la excepción. Para muestra véase que ninguna de las dos elecciones se realizaron en las fechas constitucionalmente pautadas. En efecto, las Elecciones Municipales que debieron realizarse el 16 de febrero tuvieron que ser suspendidas apenas horas después de abrirse los colegios electorales debido al fallo masivo presentado por el sistema de votación automatizado que serviría para votar en las demarcaciones más grandes del país y las Elecciones Presidenciales, Senatoriales y de Diputaciones que originalmente se llevarían a cabo el 17 de mayo tuvieron que ser suspendidas por efecto de la pandemia del COVID-19.

Desde antes de presentarse estos inesperados eventos la realización de las elecciones presentaba ya importantes retos en materia de organización electoral como eran:

  • La realización de las primarias de los partidos en octubre, Elecciones Municipales en febrero y Presidenciales, Senatoriales y de Diputaciones en mayo.
  • El estreno de las disposiciones legales sobre la materia, Ley 33-18 sobre Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos y la Ley 15-19 sobre Régimen Electoral.
  • Los constantes cambios a la interpretación de las normas legales debido al proceso de judicialización que vivieron las leyes electoral y de partidos.
  • El proceso de adaptación que tuvieron que vivir los partidos políticos de cara a las nuevas formas y figuras implantadas.

Luego del fallo informático que provocó la suspensión de las elecciones en febrero, la Junta Central Electoral entró en un proceso de descrédito que llevó a amplios sectores de la población, actores políticos incluidos, a reclamar la renuncia de sus integrantes. Pese a esto y con la amenaza ya que la posible propagación de un virus como el COVID fueron realizadas las municipales el 15 de marzo. Cuatro días después estábamos en estado de emergencia nacional.

Con el país en cuarentena la la JCE y los partidos políticos se abocaron a discutir la posible posposición de las elecciones del 17 de mayo y estando las partes más o menos de acuerdo se aprobó realizarlas el 05 de julio.

La realización de estas elecciones en medio de restricciones por el estado de emergencia ocasionó que los partidos hicieran una campaña inédita, el uso frecuente de los medios electrónicos para evitar la presencialidad supuso una campaña más centrada en las propuestas y menos en las artificiosas manifestaciones públicas. Con la familia en casa, la entrevista se hacía más importante, los ejemplos de bien aprovechar esta conyuntura están a la vista.

Por el lado negativo, la utilización de la pandemia y la desgracia humana para fines de campaña estuvo a la orden del día y fue escenario para que quienes nunca habían mostrado interés por el bienestar de los demás se hicieran los graciosos.

Con todo lo que significó para la población, los partidos y los órganos electorales, la democracia dominicana se fortaleció, a unas horas después de la jornada era pública la información de los ganadores y los menos favorecidos habían admitido la derrota. Una vez más el pueblo dominicano dio muestras de civismo y vocación democrática.

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